Lafont, árbitro en Croacia y buena gente de verdad
Lejos de casa, entre gradas extranjeras y balones que ruedan en tierras croatas, hay un silbato que suena con justicia y una sonrisa que conquista a todos: Lafont, el árbitro que no solo imparte ley en el campo, sino también respeto, humildad y buen rollo allá donde va.
Porque ser árbitro no es fácil —hay que tener carácter, templanza y paciencia—, pero Lafont lo hace parecer sencillo. Con su estilo sereno y su trato cercano, se ha ganado el respeto de jugadores, entrenadores y hasta del público más exigente. Y eso, fuera de tu país, vale el doble.
Pero lo que realmente hace especial a Lafont no es solo su habilidad para controlar un partido, sino su forma de ser. Buena gente de verdad, de esas que te cruzas y te alegran el día. De las que saben cuándo bromear, cuándo escuchar, y cuándo dar un consejo que vale oro.
En Croacia ya lo conocen, lo aprecian y lo admiran. Pero los que lo conocen desde siempre saben que esa calidad humana no es nueva: Lafont siempre ha sido así. Un grande en el campo… y aún más grande fuera de él.





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